Teresa y Juan son trabajadores de una empresa manufacturera grande, que desempeñan a diario labores parecidas. Sin embargo, cuando llega el fin de mes, la remuneración mensual que recibe Juan es 1.5 veces la que recibe Teresa.1 Estoy segura de que lo primero que viene a la mente de quienes leen este artículo, es que esta diferencia se debe a que nuestro amigo Juan tiene mejor educación y/o calificación que Teresa, lo cual le permite producir más que su compañera de trabajo en menos tiempo, hecho que es apreciado por su empleador y retribuido con un mayor salario (en otras palabras: es más mosca). No obstante, aunque usted no lo crea, los estudios actuales elaborados sobre el tema demuestran que nuestra amiga Teresa es una víctima más de discriminación por género, pese a tener los mismos atributos que Juan. Dicho de otro modo, hoy en día en Perú y América Latina las mujeres continúan recibiendo remuneraciones menores a las de los hombres por el simple hecho de ser mujeres y lo peor de todo es que la magnitud de esta brecha no parece disminuir, como todos quisiéramos.
| las mujeres en las últimas cuatro décadas han salido a trabajar, pero las condiciones bajo las que se han integrado al mercado de trabajo han sido de inestabilidad y precariedad, debido a que laboran en actividades no asalariadas. |
La participación de la mujer en el mercado laboral ha cambiado significativamente en los últimos 40 años. Los datos del censo de 1961 muestran que en ese tiempo sólo el 22% de las mujeres en edad de trabajar formaban parte de la PEA, mientras que hoy en día esta participación se ha elevado al 65%. Otro aspecto a resaltar es que más de la mitad de las mujeres (54.2%) tenía acceso a empleo asalariado en 1961, mientras que hoy en día este porcentaje se ha reducido a 28%, casi la mitad del porcentaje registrado hace más de 40 años. Ello estaría indicando que las mujeres en las últimas cuatro décadas han salido a trabajar, pero las condiciones bajo las que se han integrado al mercado de trabajo han sido de inestabilidad y precariedad, debido a que laboran en actividades no asalariadas.2
Recientes estudios del Banco Interamericano de Desarrollo-BID y los informes Anuales de la Mujer, publicados por el Ministerio de Trabajo y Promoción del Empleo-MTPE, analizan el tema3 de las diferencias por género en el mercado laboral. En estos se comparan salarios entre individuos de diferente sexo con las mismas características demográficas y laborales, como edad, nivel de educación, lugar de residencia y tipo de empleo entre otros indicadores, encontrándose que los hombres ganan más que las mujeres en cualquier grupo etario, en cada nivel de educación, en cualquier tipo de empleo (sea por cuenta propia, empleador o empleado), tanto en empresas grandes como pequeñas. A manera de ejemplo, se pueden apreciar en el Cuadro 1 las diferencias de ingresos según categoría ocupacional, evidente en todos los rubros en el caso peruano:
Cuadro 1. Ingreso Laboral promedio y mediana por sexo, según estructura de mercado, Perú 2008
(nuevos soles)

Fuente: MTPE- Informe Anual de la Mujer en el Mercado de Trabajo, 2008.
Para medir la brecha de ingresos por sexo el informe usa la técnica de descomposición de Oaxaca – Blinder. Este indicador permite dividir los diferenciales de ingreso en dos componentes. Al primer componente se le atribuye las diferencias en el ingreso debido a que los individuos cuentan con características diferentes al momento de ofrecer sus servicios en el mercado laboral, mientras que el segundo componente del diferencial es atribuido a la discriminación que existe en el mercado laboral.4 El cálculo de este indicador se realiza mediante el uso de encuestas que comparan el ingreso de varones y mujeres que cuentan con las mismas características, estimándose ambos componentes, mediante herramientas econométricas.
Entre los resultados más resaltantes obtenidos para América Latina se estima que el promedio de la brecha de ingresos por sexo es de 17% al comparar una población que cuenta con los mismos niveles de educación y edad, siendo Perú el cuarto país que registra mayor desigualdad por sexo (19.4%), sólo superado por Brasil (29.7%), Uruguay (26.3%) y Nicaragua (20.3%).
| hay más de 2.3 millones de mujeres que laboran a diario desarrollando los quehaceres del hogar, haciendo un esfuerzo invisible que no se toma en cuenta en las estadísticas laborales y por ende, en la agenda del gobierno. |
Los informes del MTPE analizan con mayor detalle el caso peruano y encuentran que las brechas de ingresos se diferencian en función de la categoría ocupacional, encontrándose en todos los casos que existe un grado importante de discriminación a favor del hombre y que el peso de este factor llega a explicar aproximadamente el 80% del diferencial de ingresos.5 En un análisis por sectores se puede ver que en área rural las diferencias son mayores, en promedio las mujeres ganan solamente el 37% del ingreso de los hombres.6
Lo importante a resaltar aquí es que estos datos reflejan una tendencia creciente en los últimos años. Para ilustrar esta problemática se presentan en el gráfico 1 las estimaciones que se realizaron para Lima Metropolitana, en las que se refleja que el diferencial de ingresos se ha elevado considerablemente desde el 2003, en aproximadamente 20 puntos porcentuales.7
Gráfico 1. Lima Metropolitana: Componentes del diferencial
de ingresos entre hombres y mujeres, 2003-2006

Fuente: MTPE- Informe Anual de la Mujer en el Mercado de Trabajo, 2006
Sin embargo, las diferencias por sexo no solo se hacen evidentes al analizar la brecha de ingresos, sino que también existen otro tipo de aspectos que saltan a la vista cuando se analiza la composición de la Población en Edad de Trabajar –PET. Esta composición es un reflejo de cómo detrás de las convenciones internacionales (adoptadas por las entidades de gobierno nacionales) para elaborar las estadísticas laborales, hay más de 2.3 millones de mujeres que laboran a diario desarrollando los quehaceres del hogar, haciendo un esfuerzo invisible que no se toma en cuenta en las estadísticas laborales y por ende, en la agenda del gobierno.
Situación laboral de la Población en Edad de Trabajar -PET
En el 2008 el Perú contaba con una fuerza laboral de más de 21 millones de peruanos, también conocida como Población en Edad de Trabajar (PET). De este grupo, poco más de la mitad (52%) corresponde a la PET femenina y el 48% restante está conformado por la PET masculina, como se puede ver en el gráfico 2.8 Ello indica que existe una proporción similar de hombres y mujeres en edad de trabajar como punto de partida, pero que dicha proporción va cambiando considerablemente cuando se define el tipo de actividad que desarrollarán el hombre y la mujer en el hogar y en el mercado laboral. Los resultados de las decisiones que se toman al interior del hogar se enfrentan en el mercado laboral y el contexto económico y social en el que se desenvuelven los agentes.
Con la ayuda del esquema se puede ver que la convención internacional diseñada para la elaboración de las estadísticas laborales clasifica a la PET en dos grupos: en el primer grupo considera como No PEA a todas las personas que a su parecer son “Inactivas”; en el segundo grupo, considera como Población Económicamente Activa a todas aquellas personas que se encuentran ocupadas o desempleadas (es decir, que buscan activamente trabajo).
Justamente a este punto queríamos llegar para desarrollar la primera idea: cuando se analiza en detalle quiénes componen la población “inactiva”, encontramos que un 21% (2.3 millones de mujeres) de la PET femenina se dedica a los quehaceres del hogar (amas de casa), es decir, tienen un trabajo no remunerado. Cabe destacar que en caso de los hombres, este grupo apenas representa el 2,7% (0.27 millones) de la PET. Es decir, que en nuestro país las labores del hogar son desarrolladas casi exclusivamente por las mujeres y no están consideradas como actividades económicas.
Gráfico 2. Población en Edad de Trabajar (%)

Fuente: INEI –Encuesta Nacional de Hogares, sobre Condiciones de Vida y Pobreza,
Continua 2008
Elaboración propia
Para tener una idea de la importancia y el valor económico de ese esfuerzo invisible que las mujeres hacen desarrollando las tareas de hogar y que las estadísticas laborales no muestra, un estudio del MTPE (2008) analiza el uso del tiempo y valoriza el trabajo doméstico en Lima Metropolitana, encontrando que el valor económico de este tipo de labores equivale al 23.3% del PBI de Lima Metropolitana o al 12% del PBI nacional. En él, el esfuerzo invisible de las mujeres que realizan labores domésticas representa el 69%, lo cual indica que este es el monto con el que este grupo de mujeres contribuye a la economía regional y nacional.9 Este aspecto no es tomado en consideración en las cuentas nacionales porque al entender de quienes elaboran las estadísticas, no existe una demanda de este tipo de servicio y por ende, el mercado de servicios de los quehaceres del hogar no existe. Sin embargo, este mismo estudio encuentra que la razón principal por la que las mujeres en edad activa no buscan trabajo remunerado es, justamente, la falta de tiempo.
Cuadro 2. Composición de la Población en Edad de
Trabajar en subgrupos (%)

Fuente: INEI –Encuesta Nacional de Hogares, sobre Condiciones de Vida y Pobreza,
Continua 2008
Elaboración propia
Otro hallazgo importante de este estudio es que incluso en el caso de aquellas mujeres que salen a trabajar fuera del hogar, su condición de trabajadoras remuneradas no las libera de destinar una parte considerable de horas al día a las actividades domésticas. Cualquiera que sea la duración de su jornada laboral, las mujeres dedican mucho más tiempo a las labores del hogar que los hombres. Tal como se puede ver en el siguiente gráfico, en un domingo cualquiera las mujeres dedican más horas a los quehaceres del hogar que sus parejas: 4.7 vs. 2.9, que representan casi dos horas adicionales a las que trabajan los hombres en este tipo de labores. Esta situación no es ajena a otros países de América Latina, donde se puede ver que en países como Guatemala y México las labores de hogar son una actividad desarrollada prioritariamente por mujeres, independientemente de la generación de ingresos en otro tipo de actividades.
Gráfico 3. Lima Metropolitana: Tiempo Medio Social Dedicado a Diversas Actividades por la PEA Ocupada un día Domingo, según Sexo, 2008

Fuente: MTPE- Boletín de Economía Laboral Nº 40.
Una segunda idea que queremos trasmitir es que la composición de la PET femenina demuestra que hay otro grupo de mujeres que conforma la PEA no asalariada en calidad de Trabajadoras Familiares No Remuneradas-TFNR (14.3% de la PET) a nivel nacional, grupo que se incrementa a 55% en el caso de las zonas rurales. Si se adiciona a este grupo el 21% de mujeres que desarrolla los quehaceres del hogar, se puede estimar que más del 35% de la Población Femenina en Edad de Trabajar labora en sus hogares sin una remuneración por sus servicios (3.55 millones de mujeres).10
| en países como Guatemala y México las labores de hogar son una actividad desarrollada prioritariamente por mujeres, independientemente de la generación de ingresos en otro tipo de actividades. |
Así como los ejemplos expuestos en este artículo existen otros que hacen evidente que la situación laboral de la mujer en el Perú, y seguramente en muchos países de América Latina, dista de ser la que desearíamos. Existen temas como las condiciones en el empleo, el acceso a seguros, la vulnerabilidad del empleo, entre otros, en los que también encontramos un fuerte sesgo a favor de los varones. Las tendencias que se han registrado en los últimos años no indican que esta situación vaya a cambiar considerablemente en el futuro. Las brechas en el ingreso son significativamente diferentes entre hombres y mujeres y de esta diferencia, un 80% es explicado solo por un factor de discriminación por género. Existe un 21% de mujeres en edad de trabajar que ve su esfuerzo invisible, siendo este importante, llegando a representar el 12% del PBI nacional. Además existe 3.8 millones de mujeres que labora en sus hogares y no recibe una valoración económica por sus servicios (35% de la PET), lo cual disminuye sus niveles de empoderamiento en su hogar, dado que la literatura11 ha demostrado que un mejor estatus al interior del hogar está relacionado con la participación que tiene cada miembro en el ingreso familiar.
Consideramos que la valoración del trabajo de las mujeres parte del hecho de incorporar un análisis de economía familiar, en el que se considere que solo es posible que el cónyuge pueda dedicarle un mayor número de horas a actividades remuneradas fuera del hogar, gracias a que su pareja desarrolló el trabajo que le corresponde en los quehaceres del hogar. Vistas así las cosas, el ingreso no es individual, porque para su generación se necesitaron horas de trabajo de otros miembros del hogar.
Para lograr la conciliación entre la vida laboral y la vida familiar de las mujeres en las actuales condiciones es necesario encontrar formas de revalorar a todo nivel el esfuerzo invisible que ellas desarrollan a diario. Adicionalmente, es importante que los hombres se integren efectivamente a las tareas de hogar, además del reconocimiento de igualdad de derechos de los miembros del hogar para desempeñarse en todas los aspectos que deseen.
Finalmente, es necesario el diseño y puesta en marcha de políticas públicas y privadas —tanto del gobierno central como de los gobiernos regionales— que ayuden a las mujeres a integrarse al mercado de trabajo en mejores condiciones; que se dé facilidades para que se incorporen medidas que permitan a la mujer cumplir con las labores del hogar y al mismo tiempo, generar ingresos en el mercado laboral. Por ejemplo, es importante lograr que se respete la hora de lactancia, que se creen cuotas en las empresas de mujeres que trabajen con distinto horario, que se les permita desarrollar trabajos por tareas, de tal forma que puedan desarrollarse en el hogar y no necesariamente en la oficina.
* Economista, investigadora IEP.
1 Este dato toma en cuenta las diferencias de ingresos en las empresas del sector privado que cuentan con más de 50 trabajadores, siendo este el tipo de entidad donde se observa la mayor diferencia.
2 Se considera bajo la categoría de “asalariados”, a quienes reciben un ingreso mensual por su trabajo
3 Para ver resultados de estudio del BID ir a: http://www.iadb.org/news/detail.cfm?language=SP&id=5678. Para ver los informes anuales sobre la mujer y el mercado laboral peruano ir a: http://www.mintra.gob.pe/peel/publicaciones/documento_mujer.htm
4 Este indicador tiene un tercer componente que denota la interacción entre ambos componentes y que por razones metodológicas es integrado al componente de discriminación.
5 Dato estimado para el caso de Lima Metropolitana, dado que es para el ámbito para el cual el Ministerio cuenta con mayor información.
6 Ver en: Los Hogares Indígenas y la Pobreza en el Perú: Una mirada a partir de la información cuantitativa, de Carolina Trivelli. Documento de Trabajo N º 141 de IEP.
7 Los datos presentados corresponden a Lima Metropolitana, dado que es el ámbito para el cual se han hecho este tipo de estimaciones durante varios años y por lo tanto, existe información comparable al respecto.
8 Este grupo (PET) está conformado por todas las personas que tienen más de 14 años.
9 Uso del Tiempo e Inequidades de Género en el Trabajo Remunerado y Doméstico en Lima Metropolitana. Boletín de Economía Laboral Nº 40. Agosto 2008.
10 Solo que para ser tomadas en cuenta dentro de la PEA la actividad que desarrollan dentro del hogar no tiene un CIIU asignado. CIIU significa Clasificación Industrial Uniforme de todas las Actividades Económicas.
11 Una investigadora que analiza este tema de forma transversal en todos sus documentos es Linda Mayoux. “Research Round-Up Women's empowerment and micro-finance programmes: strategies for increasing impact,” Development in Practice, Vol. 8, Issue 2 (1998). Otra investigadora que analiza este tema es Emma Zapata. Microfinanciamiento y Mujeres Rurales: Las Cajas de Ahorro y Credito en Mexico. Mexico: Plaza y Valdes Editores, 2003.
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Ricardo Privat Gómez: |
1-12-2009
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Este tema para casi todos los países en vías de desarrollo es una realidad que no podemos esquivar, aún cuando ya estamos llegando a la primera década del siglo XXI, en muchos países, incluyendo el nuestro, la postergación, marginación y maltrato -físico y psicológico- a las mujeres es pan de todos los días. En los pueblos del interior esta realidad es más notoria, puesto que las ayudas sociales y los programas gubernamentales llegan a cuenta gotas y la pobreza extrema se acentúa cada vez más. Se tiene para llenar la olla en una economía de autoconsumo o autosatisfacción por la huerta aledaña a la casa, vivienda rústica, pero los servicios básicos están ausentes o nulamente equipados y dotados, en el caso de salud, de medicinas; para todo problema de salud se da ranitidina, panadol... esa es nuestra realidad y por ello muchos pobladores enrrumban a la capital, pero otros llegan de la región alto andina a practicar su tecnología depredatoria en estos contextos donde los suelos son frágiles y cuando pierden su cobertura vegetal se producen los aluviones, los huaicos o los deslizamientos. en todas esas tragedias la mujer está presente. |
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